Mitos de la violencia sexual

MITOS SOBRE LA VIOLENCIA SEXUAL

Pese a la información que existe actualmente sobre la violencia sexual, todavía persisten en nuestra sociedad algunos mitos. En esta publicación explico cuáles son algunos de ellos.

Mito 1. Es imposible superar una violación.

Falso. Superar un episodio de violencia sexual es posible, pero esto no significa que sea un camino fácil o que el proceso de recuperación sea similar en todas las víctimas. En muchos casos, esa recuperación va a depender del impacto psicosocial que el hecho delictivo haya tenido en la persona, el cual está influido por diversos factores:

  • Los factores relacionados con el delito: a mayor frecuencia, intensidad y duración del hecho delictivo, a mayor vejación o humillación, y a mayor intensidad afectiva con el agresor/a, mayor probabilidad existe de que la situación de victimización deje una huella psicopatológica en la persona.
  • Los factores de protección: son aquellos que pueden modular el impacto de la agresión como las variables de personalidad (por ejemplo, tendencia al optimismo, inteligencia emocional, flexibilidad cognitiva), el apoyo social, la historia de vida de la víctima o el apoyo terapéutico.
  • Los factores de vulnerabilidad: se trata de aquellas condiciones personales y ambientales que pueden aumentar o perpetuar el impacto del hecho delictivo en la víctima. Por ejemplo, problemas de autoestima, bajo apoyo social, rechazo por parte del entorno, estrategias de afrontamiento inadecuadas (por ejemplo, abuso de alcohol y drogas), afrontamiento pasivo, reticencias para aceptar el apoyo terapéutico, etc.

Con respecto a lo anterior, podemos entonces deducir que no todas las personas que son víctimas de violencia sexual responden de la misma forma ante el delito violento o tras el mismo.

Mito 2. Todas las víctimas de violencia sexual presentan las mismas lesiones o secuelas.

Falso. Las lesiones físicas, psicológicas o secuelas pueden variar entre las víctimas. De hecho, no todas las víctimas de violencia sexual sufren lesiones físicas (dado que el abuso no siempre se comete con la fuerza física sino a través de la manipulación, el chantaje o aprovechando el estado de inconsciencia de la víctima) o secuelas. En relación a lo anterior, también cabe señalar que no todas las víctimas desarrollan trastorno del estrés post traumático, si bien una parte importante de ellas sí presentarán esta lesión psíquica y/o secuela.

Mitos de la violencia sexual

Mito 3. Solo es violencia sexual o violación si existe penetración.

Falso. La violencia sexual se presenta de distintas formas: acoso, abuso, violación, agresión sexual, sextorsión… Cualquier conducta que atente contra la libertad e indemnidad sexual de una persona es un acto de violencia sexual y por tanto, un delito. Según el Código Penal vigente en España, la diferencia entre los tipos de abuso sexual y los más graves (esto es, violación y agresión sexual) no se basa en si existe o no penetración (o introducción de miembros corporales u objetos).

La diferencia entre estas tipologías penales se basa, más allá de que no hubo consentimiento, en si el agresor hizo uso de la violencia o la intimidación. A tenor de lo anterior, cabe clarificar que el delito de abuso sexual es aquel en el que se atenta igualmente contra la libertad sexual de la víctima, pero sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento (artículo 181). Es decir, en el abuso sexual puede existir penetración.

Mito 4. Es menos grave si conoces al agresor.

Falso. El hecho de que la víctima pueda conocer a su agresor no justifica ni minimiza la agresión. De hecho, es posible que en el caso de que la víctima conozca a su agresor, la situación traumática sea mucho mayor.

Mito 5. Las violaciones a hombres solo se producen en las cárceles.

Falso. Cuando hablamos de violencia sexual, a menudo pensamos en el binomio mujer-víctima y hombre-agresor. Es cierto que, con respecto a los delitos sexuales, las mujeres presentan tasas más altas de victimización y tasas más bajas de perpetración que los hombres. Sin embargo, la violencia sexual también se ejerce contra los varones (Spitzberg, 1999). En las violaciones donde la víctima es un hombre, el agresor puede ser tanto otro hombre como una mujer y el acto delictivo puede suceder en diferentes contextos y circunstancias.

Por tanto, creer que la violencia sexual contra los hombres se ejerce solo en las cárceles es un mero estereotipo.  La violencia sexual contra los hombres sigue siendo tabú. Es difícil encontrar información y estadísticas, y las víctimas a menudo sufren en silencio por miedo al rechazo o a la incomprensión social.

Mito 6. Para superar una violación lo más importante es hacer como si nunca hubiera pasado.

Falso. Hablar sobre el episodio de violencia sexual puede ser muy liberador para las víctimas. No se debería juzgar esto como una forma de llamar la atención. El silencio no hará que el malestar emocional desaparezca. Además, poder hablar de la agresión o el abuso puede ser muy importante en el proceso de recuperación de la víctima. Esto es algo que depende exclusivamente de esa persona, es decir, no se puede obligar o forzar a una víctima a hablar de lo ocurrido si no quiere o no se siente preparada.

Mitos de la violencia sexual

Mito 7. La castración química es sumamente eficaz para evitar la reincidencia de los agresores sexuales.

Falso. La castración química es una terapia farmacológica. En general, se compone de antagonistas de la testosterona, como los anti-andrógenos esteroideos (medroxiprogesterona y acetato de ciproterona) y de los análogos de la hormona liberadora de gonadotropinas (triptorelina, leuprorelina y goserelina) (Silvani, Mondaini y Zucchi, 2015). Es temporal y reversible. El objetivo de esta terapia es reducir el deseo sexual y con ello, la posibilidad de que el delincuente reincida.

Actualmente, la evidencia disponible sobre la castración química y una menor reincidencia de los agresores sexuales es escasa y de baja calidad (Suárez et al., 2018). Se ha mostrado su eficacia para reducir las fantasías eróticas y los deseos parafílicos, pero existen serias dudas sobre su efectividad en lo que respecta a los comportamientos de los sujetos.

Tampoco existen investigaciones científicas que concluyan que la castración química es el tratamiento definitivo en trastornos parafílicos como sería, por ejemplo el trastorno parafílico ligado a la pedofilia o al exhibicionismo (Hucker et al., 1988, Lösel y Schmucker, 2005). Es necesario considerar cuidadosamente los riesgos y beneficios de esta medida, así como los aspectos legales y éticos de la misma.

Siguiendo la literatura científica, la terapia cognitivo-conductual ha demostrado buenos resultados para reducir las tasas de reincidencia y el riesgo delictivo (Hall, 1995; Gallagher, Wilson y MacKenzie, 1999; Redondo et al., 2005; Valencia, Andreu, Mínguez y Labrador, 2008). No hay que olvidar que la motivación de un abusador o agresor sexual no obedece solo o exclusivamente a un impulso sexual sino también a la necesidad de control, poder y vejación de su víctima. Por tanto, la castración química no sería eficaz cuando la motivación para perpetrar el delito no obedece al deseo sexual.

Mito 8. Una víctima de violación jamás podrá disfrutar de nuevo del sexo.

Falso. Después de un episodio de violencia sexual, es posible que muchas personas pierdan el interés en el sexo o que tengan miedo de tener relaciones eróticas si existen lesiones psicológicas o secuelas como el trastorno del estrés post traumático. Sin embargo, otras personas querrán mantener su actividad sexual e incluso puedan disfrutar de esa intimidad de forma satisfactoria.

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